Garcilaso, que al bien siempre aspiraste,
y siempre con tal fuerza le seguiste,
que a pocos pasos que tras él corriste
en todo enteramente le alcanzaste;
dime: ¿por qué tras ti no me llevaste
cuando de esta mortal tierra partiste?
¿Por qué al subir a lo alto, que subiste,
acá en esta bajeza me dejaste?
Bien pienso yo que si poder tuvieras
de mudar algo lo que está ordenado,
en tal caso de mí no te olvidaras.
Que, o quisieras honrarme con tu lado,
o, al menos, de mí te despidieras,
o si esto no, después por mí tornaras.
Juan Boscán, La fuente, los destellos y la sombra: Antología de los siglos de oro, Alfaguara, México, 2002
14 de octubre de 2009
10 de octubre de 2009
Salmo XVII, de Quevedo
Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
de la carrera de la edad cansados,
por quien caduca ya su valentía.
Salíme al campo, vi que el sol bebía
los arroyos del yelo desatados,
y del monte quejosos, los ganados,
que con sombras hurtó su luz al día.
Entré en mi casa; vi que, amancillada,
de anciana habitación era despojos;
mi báculo, más corvo y menos fuerte;
vencida de la edad sentí mi espada.
Y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.
Francisco de Quevedo, Poesía varia , Cátedra, Madrid, 2005
si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
de la carrera de la edad cansados,
por quien caduca ya su valentía.
Salíme al campo, vi que el sol bebía
los arroyos del yelo desatados,
y del monte quejosos, los ganados,
que con sombras hurtó su luz al día.
Entré en mi casa; vi que, amancillada,
de anciana habitación era despojos;
mi báculo, más corvo y menos fuerte;
vencida de la edad sentí mi espada.
Y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.
Francisco de Quevedo, Poesía varia , Cátedra, Madrid, 2005
8 de octubre de 2009
Febrero 2, de Luis Luna
Me seduce la nieve que mi daño procura
la extensa superficie donde no hallo refugio
esta tersa cuchilla que desuella mi carne
y la ofrece al olvido.
Es así la blancura. Lastima en su pureza.
Luis Luna, Cuaderno del guardabosque, Amargod, Madrid, 2007
la extensa superficie donde no hallo refugio
esta tersa cuchilla que desuella mi carne
y la ofrece al olvido.
Es así la blancura. Lastima en su pureza.
Luis Luna, Cuaderno del guardabosque, Amargod, Madrid, 2007
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