21 de noviembre de 2009

Recuento

Uno

Ha pasado un año desde que llegué a esta ciudad. Mirando bien las cosas, nada es distinto. La primera impresión que tuve al volver fue desolada: el lugar me recibía con sus brazos más violentos, con una economía a la baja, con una decadencia ineludible, pero en realidad, nada es distinto. Nada cambia en esta tierra yerma.

Dos

La historia de mi partida se puede resumir como la construcción de un sueño y su fracaso. El prometedor inicio de una actitud y su posterior negación tajante. En la misma negación de todo lo que me rodea y su lenta asimilación como la relación de una derrota silenciosa. Ahora me encuentro dentro de un  Tiempo nublado, cansado de esperar las peras del olmo. Mi lucha es una insensatez, mi resignación, también.

Tres

Es media noche y aunque suene a tópico no puedo dormir. Hace un año que volví de Madrid y aún recuerdo la ciudad constantemente: sus calles, sus plazas, sus noches en vela, junto a ella o sin ella, son aún vívidas en mis ojos. Toda ella es presencia, una escritura manchada de fresca tinta. La huelo en mi almohada. La siento en las borrosas líneas de mi mano izquierda. La sueño como un pájaro inmóvil en la cornisa de una habitación abandonada.

Cuatro

Volví con el deseo de renuncia a todo aquello que tanto costó edificar en los párpados, pero no pude. Una sensación de fracaso impregna el polvo de la calles. El peso de lo que me rodea es más fuerte que mi mirada. Pierdo el rumbo y trato de reconstruirlo con las ruinas de este valle. Sin embargo la media noche anuncia que todo está perdido. Qué elegir entonces si no hay quién escuche. Qué elegir si los pájaros rumiantes han emigrados a otras ramas, qué elegir, si permanezco inmóvil sobre la alameda.

Cinco

Es media noche, estuve con un par de amigos recordando viejas anécdotas de España, recordando viejos tópico de España. Pero, qué queda de todo aquello que deseé al volver. Qué queda de todo lo vivido. Qué de aquellas escritura húmeda al abordar un avión en Barajas. España es una alucinación de mis manos y de todos mis sentidos.

Seis

LF me dice que constantemente me azoto al ser un obsesivo con mi pasado. Quizá tenga razón, quizá. Pero no hay cambio. No lo puede haber. Pierdo noción de mis acciones conforme pasa el tiempo, pierdo solidez conforme rozan los segundos las huellas de mis dedos. Miro hacia la ventana y pienso en la meseta castellana, en el baldío que hubo detrás de los muros y que ahora es una casa en ruinas. Miro metros más delante y veo una calle vacía, unas farolas, unas bancas, unos chopos y la calle de puentedeume reaparece, pero luego, pasados un par de segundos, al observar mejor las formas del cristal, todo se transfigura en perros hambrientos, en un par de ojos iracundos, en la sombra de un cadáver de domingo. Miro a lo lejos, no hay nubes qué perseguir, no hay idilio. Sólo oscuridad y alaridos de media noche. Sí, sólo media noche.

Hace un año que volví. Hace un año.

12 de noviembre de 2009

Sobre la influencia




Poseo la suficiente valentía y juicio para liberarme de otros maestros y críticos y seguir mi propio camino con la tranquilidad espiritual que se requiere para tal empresa, pero respecto de usted mi dependencia es insuperable; y puesto que sé el profundo efecto que cualquier palabra de usted puede tener en mí, a veces me esfuerzo por sacarlo de mi mente para no ser vencido por la ansiedad, tal preocupación es la muerte del arte, y comprendo perfectamente bien por qué es más difícil darle expresión adecuada a la naturaleza cuando el artista se encuentra rodeado por obras maestras, que cuando se encuentra virtualmente solo en el mundo. Se encuentra demasiado involucrado con la naturaleza, demasiado conectado con ella, como para considerar la necesidad de rebelarse contra su autoridad o de someterse a ella. Pero esta terrible alternativa es casi inevitable cuando el artista joven está expuesto al genio maduro de un maestro, el cual es más fuerte y comprensible que la naturaleza, y por lo tanto más capaz de esclavizarlo. No es ya el caso de un niño que juega con otro niño -el primitivo equilibrio alcanzado por el artista primerizo con su mundo ya no impera. El niño ahora tiene tratos con hombres con quienes probablemente jamás tendrá la suficiente familiaridad como para olvidar su superioridad. Y si siente tal superioridad debe hacerse rebelde o servil. ¿Pero debe ser así?
(Hölderlin dirigiéndose a Schiller)

28 de octubre de 2009

Calaverita

Uno

La flaca viene calaca
flaca viene la calaca
la calaca flaca viene
viene la calaca flaca
viene flaca la calaca

La calaca viene flaca
calaca viene la flaca
la flaca calaca viene
viene la flaca calaca
viene calaca la flaca

Dos

La flaca viene muerte
flaca viene la muerte
la muerte flaca viene
viene la muerte flaca
viene flaca la muerte

La muerte viene flaca
muerte viene la flaca
la flaca muerte viene
viene la flaca muerte
viene muerte la flaca

Tres

La flaca viene muerta
flaca viene la muerta
la muerta flaca viene
viene la muerta flaca
viene flaca la muerta

La muerta viene flaca
muerta viene la flaca
la flaca muerta viene
viene la flaca muerta
viene muerta la flaca

Cuatro

La flaca viene muerta
flaca viene la muerte
la muerta flaca viene
viene flaca la muerta
viene la muerte flaca

La muerte viene flaca
muerta viene la flaca
la flaca muerte viene
viene muerta la flaca
viene la flaca muerte

Versión melódica

La flaca viene calaca
calaca viene la flaca
flaca viene la calaca
la calaca viene flaca
viene flaca la calaca

viene la flaca calaca
la flaca calaca viene
viene la calaca flaca
la calaca flaca viene
viene calaca la flaca