18 de noviembre de 2008

Work in progress: en algún punto

I

En algún punto de Cien Años de Soledad, Gabriel García Marquez dice que nadie pertenece a un lugar específico hasta que tiene un muerto bajo tierra. Si lo anterior es cierto entonces somos de cualquier lado, de todos lados. Lo que equivale a decir que somos de ninguna parte. En una mejor observación el muerto bajo tierra no es otro que nosotros. Si bien mi interpretación puede ser exagerada, nada invalida lo que digo. Y el muerto que nos hace pertenecer a un determinado lugar siempre hemos sido nosotros mismos.

Cuando uno se va de casa a veces vuelve, vuelve para reencontrarse consigo mismo, para revivir a los muertos y conversar con Melquiades y contemplar como nos difuminamos al paso del tiempo. Sin embargo, siempre queda algo inconcluso, algo que permanece y crea esa conexión con el pasado. No atreverse a reconocer esa conexión es renegar de uno mismo, traicionarse. Pocos vuelven en realidad para erigir un altar a la memoria de lo que fueron y recordar lo que son. Olvidarlo todo, es olvidarse de sí mismo durante un largo periodo, para luego, en el momento preciso, recordar lo importante y hacer que el tiempo mismo nos redima.


II

Si ser conciente es no estar en el tiempo, como dice Eliot, entonces buscar en la conciencia es desear la redención temporal. No dejarla en manos de algo tan ágil como lo es el tiempo. ¿Qué conocimiento realmente nos redime? ¿El científico, el poético? El conocimiento poético nos devuelve nuestra existencia . Mientras que el otro, el científico, nos hace andar con dudas: ingrávidos, nada es sólido ante su mirada.

III

¿Por qué escribir estas disgreciones? Ahora, después de tanto, pienso en esto  y, como Nezahualcóyotl, a mi mismo me desgarro.  Me desagarra recordar lo que abandoné o me dejó y que ahora deseo recuperar.

Sé tanto de ti
como no quiero saber,
sin embargo te exijo, al nombrarte,
la memoria que desprecio.

1 comentario:

Athkiel Kenobi dijo...

"La casa no es más que un lugar al que poder regresar, cada vez que por un traspie necesitas que un poco de calor te obligue a volver al camino"

Eso de hechar raices no se me ha dado muy bien, pero cada vez que me siento perdida mi mente viaja a ese lugar que me hizo sentir segura de niña.

Concuerdo contigo de que el muerto es uno, pues mientras vivas, no hay un lugar fijo para estar, el mundo es nuestra casa, hasta que algo nos obligue a quedarnos en un lugar. Y ese algo en definitiva es la muerte. Ni siquiera el matrimonio, pues hogar es donde la pareja esté, y puede cambiar.

Bienvenido Doc!