Este es un breve respiro a todo. Ahora la vida se desmorona. Claro, nada es ajeno a mí, el desmoronamiento es consecuencia absoluta de mí. Yo, con mano trémula, quité las estructuras vitales que van cayendo por las cornisas. Pero esta es una entrada más, podría decir. Y al mismo tiempo, paradójicamente, es el inicio o manifestación de algo que no se había hecho patente.
Hoy dejo de laborar en Inmark, salgo corriendo de mi piso cogiendo los pedazos de mis maletas, de mi vida apenas sosegada. Una vida que rasgo de un tirón salvaje como un animal rastrero. Me voy con una actitud que busca refugio en el primer instante en el que no halla la coordinación de sus piernas.
Pero había olvidado un precepto paciano: el asombro de estar vivo. "El olvidado asombro de estar vivo". Vivo, absolutamente vivo, para ver de frente a la desolación y saber cómo se destruye todo.
Así, estoy próximo a dejar el país sino a mí mismo para encontrar al otro que se quedó en la otra orilla, en la distante orilla de la existencia.
Así, estoy próximo a dejar el país sino a mí mismo para encontrar al otro que se quedó en la otra orilla, en la distante orilla de la existencia.