4 de mayo de 2011

Escribo esto para los que se acercan a la muerte

En la soledad de mi habitación, mientras los perros ladran en las esquinas, las patrullas ululan por las calles y alguno que otro vende su cuerpo, su lenguaje mutilado; mientras allá, arriba, veo un carámbano enorme, de plata, diría Lorca; observo una difícil nota periodística y recuerdo. Más que recordar es reconocer una deuda hace tiempo contraída. (Sí, reconocer, una hermosa palabra) Reconocer un día, hace más de dos años, un día de lluvia, frío, en otro continente. Reconocer otra vez las calles, reconocer el rumor de las hojas al ir subiendo por Princesa y buscar la boca del Metro. Reconocer que un nombre me llamaba porque desde hace mucho, sin saberlo, yo buscaba su voz desesperante. Reconocer que esa misma desesperación revelaba la mía, clarificaba la mía. Reconocer que tenía hambre y frío, que no tenía ropa para soportar un invierno de esa magnitud o que realmente no conocía lo que era un inverno, reconocer que iba desde lejos "acumulando muchas dudas, tristes dudas" para, justamente, encontrarme con ese nombre. 
En aquel invierno leí por primera vez a Ernesto Sabato. Aún recuerdo salir de la estación de Moncloa con mi ejemplar de "Sobre Héroes y tumbas", recuerdo haber mirado las solapas del libro y emocionarme, recuerdo haber sentido la textura plástica del libro y cruzar el asfalto casi sin mirar a la calle, recuerdo haber caminado impaciente, por el frío, por el hambre, por la lectura y entrar casi corriendo al piso y apoltronarme en el salón de Celinda y comenzar a leer. Recuerdo la fascinación que sentí durante la lectura, las salidas hacia la escuela de Majadahonda y las páginas leídas durante los viajes. 
Recuerdo hoy a Ernesto Sabato, el físico metido a novelista. El físico metido a intelectual. El físico metido a lo que siempre fue, antes que todo: hombre. No importa si era o no "hombre de letras". No importa si era o no la promesa científica de la Argentina. Importa saber que fue un hombre, un hombre comprometido, "Antes del fin", un hombre con sensibilidad e inteligencia. Importa recordar otro tiempo, otro continente, una nube, un plátano, una calle empapada, el frío golpeando los cristales, una taza de café. Importa emocionarse con la literatura y también con los hombres que han creado esa literatura. Importa recordar a un tipo perdido en su propia crisis, pensando si era mejor ser una cosa u otra, un tipo desesperado, leyendo a Sabato y tratando de entenderse, de entender su verdadera vocación y vitalidad, por medio de aquellas páginas, admirando al argentino. Un tipo que, vanidosamente, deseaba, al igual que el autor de "El Túnel", resistir. 

2 comentarios:

LSz. dijo...

Buscar verdaderas cosas, interesante.

Pero sí, lo otro, lo de resistir, es el único heroísmo que me llama la atención.

Su prosa, cada vez mejor, poeta!

Nayeli dijo...

Me gusta, me gusta y me gusta :))