13 de junio de 2007

Hasta Luego

Era una fría noche de Enero, había llegado para variar un poco tarde, entré a las instalaciones del Ateneo de Madrid con timidez a escuchar una tertulia. Me senté en esos sillones verdes después de ver los bustos de Alfonso Reyes y Pedro Henriquez Ureña, al fondo alguien comentaba cosas de la ansiada Tercera República Española, me senté a la distancia simulando leer un periódico, luego revisé mis apuntes.

Salí y pregunté si aquella era la tertulia literaria a la que deseaba asistir, me dijeron que no, mal tiempo, desde que llegué a Madrid había estado buscando reuniones como las que tenía en México, aquí me sentía torpe al hacerlo. Decidí irme pero entonces me llamaron, la recepcionista traía a una chica de aspecto anglosajón, lo cual no me extrañó en esos lugares, y le decía que había "otro" esperando. Después de las debidas presentaciones decidimos salir a tomar un café en otro lugar con menos ruido y política.

Resultó que había venido a Madrid a estudiar español, además estaba escribiendo una novela sobre inmigrantes hindúes en Seattle durante el "boom" de las "puntoCom". Hablamos un poco de Eliot, Ezra Pound, García Márquez y Octavio Paz. Finalmente me preguntó: ¿escribes?... dudé y le dije sí.

De ahí comecé a conocerla, siempre había tres premisas en nuestra incipiente amistad. Una: sólo amistad, dos: sólo español, nada de practicar mi inglés, tres: no hablar de cosas personales. Paseamos por museos, librerías, bibliotecas, ferias del libro, parques, etc. Ella siempre comentaba acerca de pintura y tomábamos café o vino o coca-cola. Sin darme cuenta se rompió la tercera regla. Supe que tenía novio, inglés, que se sintió sola los primeros meses en Madrid, que tenía una perra Sheltie, que los españoles le aislaban, que odiaba a Bush, que profesa la religión Judia, conocí su frustración por no aprender con prontitud el  idioma  español y la pasión por aprenderlo, supe que era ilegal en España, y así también, yo comencé a hablar de mí mismo.

Después salimos a conocer otros lugares, me invitó a una cena Azteca en un restaurante pero no fui porque estaba corto de dinero, aunque ella se ofreció pagar mi platillo. Salimos a El Escorial, Navacerrada y los caminos de la sierra de Guadarrama, con ella degusté en las terrazas del Madrid de los Austrias. Me presentó a su novio y me contó con tristeza el fin de su relación. Me presentó a sus amigos y yo le presenté a los míos y comenzamos a hablar ocasionalmente en inglés. Después comenzó a hablar de los problemas de salud de su perra, del aprendizaje del español, del hecho mismo de no poder trabajar mas que dando clases particulares de inglés. Un día decidió partir a casa. Me invitó a comer. Me regaló libros. Y luego adelantó su salida al ponerse grave su perra, pero "gracias" a una falla mecánica del avión no salió aquel día y tuvimos la oportunidad de despedirnos. Salimos a caminar, ella paseaba a su perra, Dexter, mientras yo iría a coger el metro y ahí me dí cuenta de lo que valía mi amistad para ella, al despedirse de mí se le humedecieron los ojos, su voz se quebró y comenzó a llorar y acto seguido me abrazó lo cual me desconcertó. Yo, no lo puedo negar, también lloré.

Ahora, espero que al escribir este post esté sobrevolando el Atlántico y no haya tenido problemas para tomar su vuelo. Todo estará bien ahora para ella, en una horas podrá ver a su hermana, a sus querido New York y Chicago.

Termino este post de recuerdo con la respuesta que me dijo una vez en una terraza a la pregunta, ¿por qué prefieres tu país?, ella dijo: "porque puedo hablar libremente con cualquiera, sin sentirme aislada".

2 comentarios:

Eros dijo...

Hola mi amigo poeta, me da un gran gusto el volver por tu posada, en donde me deleito con tus letras..
Un abrazo a tu alma...
Eros...

Juan Luis dijo...

Los amigos puede estar separado por una gran distancia, pero permanecen unidos por el sentimiento, el corazón, y los pensamientos.

Y si no de perdida por el Internet, celulares, y tanta monería que hay en comunicación.

;)