Les dejo el link de dos pequeñas silvas publicadas en la revista El Canto del Ahuehuete
http://revista-ahuehuete.blogspot.mx/2012/04/dos-poemas-de-jose-antonio-banda.html
30 de abril de 2012
11 de febrero de 2012
Alucinación, de José Hierro
Me acuerdo de los árboles de Dublin.
(Imaginar y recordar
se superponen y confunden;
pueblan, entrelazados, un instante
vacío con idéntica emoción.
Imaginar y recordar... )
Me acuerdo de los árboles de Dublin...
Alguien los vive y los recuerdo yo.
De los árboles caen hojas doradas
sobre el asfalto de Madrid.
Crujen bajo mis pies, sobre mis hombros,
acarician mis manos,
quisieran exprimirme el corazón.
No sé si lo consiguen...
Imaginar y recordar...
Hay un momento que no es mío,
no sé si en el pasado, en el futuro,
si en lo posible... Y lo acaricio, lo hago,
presente, ardiente, con la poesía.
No sé si lo recuerdo o lo imagino.
(Imaginar y recordar me llenan
el instante vacío.)
Me asomo a la ventana.
Fuera no es Dublin lo que veo,
sino Madrid. Y, dentro, un hombre
sin nostalgia, sin vino, sin acción,
golpeando la puerta.
Es un espectro
que persigue a otro espectro del pasado;
el espectro del viento, de la mar,
del fuego, -ya sabéis de qué hablo-, espectro
que pueda hacer que cante, hacer que vibre
tu corazón, para sentirse vivo.
José Hierro, Libro de las alucinaciones, 2000, Madrid, Cátedra.
(Imaginar y recordar
se superponen y confunden;
pueblan, entrelazados, un instante
vacío con idéntica emoción.
Imaginar y recordar... )
Me acuerdo de los árboles de Dublin...
Alguien los vive y los recuerdo yo.
De los árboles caen hojas doradas
sobre el asfalto de Madrid.
Crujen bajo mis pies, sobre mis hombros,
acarician mis manos,
quisieran exprimirme el corazón.
No sé si lo consiguen...
Imaginar y recordar...
Hay un momento que no es mío,
no sé si en el pasado, en el futuro,
si en lo posible... Y lo acaricio, lo hago,
presente, ardiente, con la poesía.
No sé si lo recuerdo o lo imagino.
(Imaginar y recordar me llenan
el instante vacío.)
Me asomo a la ventana.
Fuera no es Dublin lo que veo,
sino Madrid. Y, dentro, un hombre
sin nostalgia, sin vino, sin acción,
golpeando la puerta.
Es un espectro
que persigue a otro espectro del pasado;
el espectro del viento, de la mar,
del fuego, -ya sabéis de qué hablo-, espectro
que pueda hacer que cante, hacer que vibre
tu corazón, para sentirse vivo.
José Hierro, Libro de las alucinaciones, 2000, Madrid, Cátedra.
8 de noviembre de 2011
Recordando a Tomás Segovia
A Tomás Segovia (1927 - 2011)
A veces es difícil imaginar otra vez dónde se encontró una sonrisa discreta, una palabra de aliento, un silencio amable. Uno sabe, tarde o temprano, que al volver a determinados sitios nada volverá a ser igual. Hago un repaso y recuerdo una imagen, o más bien, recuerdo un túnel, una boca de metro, una glorieta y la puerta giratoria del Café Comercial. Recuerdo una noche de primavera del dos mil ocho: una librería con las bombillas a media luz, una voz paladeando versos y manos sosteniendo las tapas de un libro reciente.
De esa noche quedan varias anécdotas memorables y las charlas en el Café Comercial, los sábados, a las once o doce del día. Queda en la memoria la voz juvenil, atendida bajo el rumor de los coches de la glorieta de Bilbao por aquella otra de experiencia y vitalidad, mientras la taza de café humeaba la mañana.
Nada volverá a ser igual. Hoy, en la Ciudad de México, se ha ido Tomás Segovia, un enorme poeta, pero sobre todo un hombre memorable.Ha partido quizá para otra vez soñarlo todo, como dijera en uno de los memorables versos de Anagnórisis.
Nada volverá a ser igual. Hoy, en la Ciudad de México, se ha ido Tomás Segovia, un enorme poeta, pero sobre todo un hombre memorable.Ha partido quizá para otra vez soñarlo todo, como dijera en uno de los memorables versos de Anagnórisis.
Adiós, Tomás, Adiós.
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