3 de mayo de 2011

Volver nunca es del todo lúcido

Llegó al bar a eso de las diez, se sentó en un banquillo y pidió una corona; observó el frente con una mirada vacía, vaciada de lo que en otros ojos se podría llamar esperanza o cualquier otra cosa con sabor a destino. A ratos se le veía fastidiar las corcholatas de la barra mientras su cerveza se le deshacía entre los dedos; en otros, beber con tal fuerza que al mismo tiempo parecía engullir la vitalidad del mundo, de nosotros, espectadores.
Me levanté de la mesa y fui a su encuentro para hablarle, para decirle unas cuantas palabras. Era lamentable verlo en el abismo porque su ruina reflejaba lo que uno nunca se atreve a hacer con su vida. Era preciso terminar con aquel drama, con esa lágrima contenida, antes de que todo aquello terminase con nosotros. Pero aquel hombre no era igual a nadie que hubiese conocido. La cadavérica figura de sus ojos enmudeció mi lengua. Y sólo pude ver en ello mi profética desgracia, solo pude ver lo patético de mis pretensiones. ¿Era él o yo quien se derrumbaba? No lo podría decir con certeza. No lo podría decir ahora o después. A veces uno desea demostrar su valor con bravuconadas tales como invocar a la muerte. Sí, invocar la repentina destrucción de lo que se es para decir: "fue posible volver al igual que Lázaro". Pero la belleza del apocalipsis es terrible y ese hombre así lo fue para mí.
Ahora vago de ciudad en ciudad, de barra en barra, apenas reconociendo las calles, apenas reconociendo la niebla que asciende por los tejados y se tiende contra las nubes como lo haría un cadáver sobre la plancha de operación, apenas despierto al ir por la noche mientras consumo lentamente el alcohol de mis venas, la hermosa piedad de las horas. 

3 de abril de 2011

Es domingo por la mañana y la resurrección no llega de golpe

Querido Pablo:

¿Qué podemos hacer después de las noticias que nos llegan? Me dices en tu carta del mes pasado que a pesar de todo somos mexicanos y debemos sentirnos felices de haber nacido en estas tierras ¿en serio lo crees? Me niego a aceptar esa respuesta tuya. Si tú te sientes orgulloso de vivir aquí, de ser mexicano, allá tú. Yo no le veo nada de especial el nacer en un lugar u otro. Nacer en muchas ocasiones es sólo un acto fortuito. Pero siempre queremos hacer apología del acto como si nacer fuera algo sagrado, como si el encuentro entre espermatozoide y óvulo fuera cosa de otro mundo.  
Pero no te ofendas de lo que digo. Tú eres feliz por haber nacido aquí. Eso dices. Aunque, mirándolo de otro modo, igual te hubieras sentido si hubieses nacido en una isla o en Marte, ¿no lo crees? ¡Feliz! Dices vivir plenamente ahora mismo, pero a mí me parece que cierras los ojos a lo que ocurre alrededor nuestro. ¿No vez las noticias, no escuchas la radio? ¿No te abruma el número de muertos  en lo que va del año? ¿No te abruma que contemos la cantidad de muertos y no pase nada? 
Ya te he contado lo ocurrido en diciembre del dos mil ocho: el cruel atentado que sufrieron unos oficiales al norte de la ciudad y todo lo que sucedió: persecuciones, asesinatos, violaciones y un interminable catálogo de atrocidades. Si tú te sientes feliz de vivir en México y no de vivir en un país árabe, como también lo expresas en tu carta, yo preferiría vivir en la luna. A veces me parece que no hablo contigo. Pero con esto no quiero decir que lo sucedido en Libia sea de menor importancia que lo que a nosotros nos tocó vivir. Lo que quiero decir es que no cierres los ojos a lo que pasa en tu "terruño", lo que sucede, pues, en el lugar en el que dices vivir alegremente, en plenitud. 
No, querido Pablo, abre los ojos y mira lo que sucede, mira la violencia desatada e incontrolable, irracional. No hay un verdadero motivo para la atrocidad que campea por las calles día a día. En este "destape" de pasiones todo se vuelve irracional, matemático, frío. Es tal el "exceso de realidad" que buscamos las respuestas en la ciencias duras olvidándonos de que ante todo somos hombres. Así la violencia toca todos los niveles económicos, todas las esferas de la sociedad. Y a diferencia de lo que sucede en Libia, nuestra sociedad se está desgarrando, desmoronando día a día. Allá, perdóname el arrebato romántico, allá tratan de construir otra nación combatiendo los excesos de su actual gobierno, pero acá no hay más propósito, o despropósito, que el delirio. Y en esto estamos todos. Los que cierran los ojos y los que vemos y no hacemos nada. 
No, mi querido amigo, vivir en una felicidad alucinante como la tuya es igual a vivir en el miedo. Y vivir en un clima de miedo, amigo mío, es no vivir. 

Con un enorme abrazo de felicidad
José Antonio

11 de marzo de 2011

Poema a la patria


Anoche me propuse escribir un poema,
un poema de elevada altura,
armonioso, épico,
de suave aroma de provincia,
un poema hermoso,
de ojos profundos, azules,
de generoso pecho transparente,
un poema que cantara los frutos
y las deslumbrantes ruinas
del corazón vencido.
Me propuse hablar en cada verso
de las gestas de los próceres
que en la plaza lucen
armados, en sus potros
fieros, de aceradas bridas.
Pero, desde luego,
no pude escribir nada,
ni un solitario verso,
ay, olvidé los salmos,
las canciones a la luna,
las dilatadas vacas,
las sagradas letras de los nombres.
Sí, dulce patria mía,
nada pude escribir
de tu fulgor de estrella cuaternaria,
porque, verás, tierra adolorida,
fui al zócalo
y al baile de siempre
y perdí mis papeles y la honra...
y por eso, patria,
nada pude escribir
de las acostumbradas loas
en esta tu fecha
en estos tus doscientos años
de ruina legendaria.

México, 2010