16 de diciembre de 2010

¿Quién eres tú?

En un cuarto extraño, para dormir, tienes que vaciarte. Y antes de vaciarte para dormir, ¿qué eres? Y cuando estás lleno de sueño, nunca fuiste. No sé lo que soy. No sé si soy yo o no lo soy [...] Y entonces yo tengo que ser, o no podría vaciarme a mí mismo para dormir en un cuarto extraño. Y así si yo todavía no estoy vacío, es que soy.
      Cuántas veces he estado acostado a cubierto de la lluvia bajo un techo extraño, pensando en el hogar.
(W. Faulkner, mientras agonizo)

11 de diciembre de 2010

Postal de viaje

En un cajón encuentras memorias de tu vida
Un árbol piedras un árbol ceniza
Sombras de la sombra que eres ahora
Encuentras en la noche que te rodea
Manchas que en otra vereda olvidaste
Todo lo que al alba pudiste ser
Y la acerada lluvia no encüentra
Piedras un árbol cenizas un árbol
Río devorando otra vez al tiempo

Vendrá muy bien darse un baño de luz
Piensas aguardando aquella corriente
Al pie de un vïaje con gran historia
Pero otra vez tendrás que resignarte
Has perdido la vista y el olfato
Tú que estabas tan cerca
Árbol de piedra en piedra
De la isla que soñamos navegando en el mar
Todo lo que al alba pudimos ser.

México 2010

26 de noviembre de 2010

Cuerpo a la vista, de Octavio Paz

Y las sombras se abrieron otra vez y mostraron un cuerpo:
tu pelo, otoño espeso, caída de agua solar,
tu boca y la blanca disciplina de sus dientes caníbales, prisioneros en llamas,
tu piel de pan apenas dorado y tus ojos de azúcar quemada,
sitios en donde el tiempo no transcurre,
valles que sólo mis labios conocen,
desfiladero de la luna que asciende a tu garganta entre tus senos,
cascada petrificada de la nuca,
alta meseta de tu vientre,
playa sin fin de tu costado.

Tus ojos son los ojos fijos del tigre
y un minuto después son los ojos húmedos del perro.

Siempre hay abejas en tu pelo.

Tu espalda fluye tranquila bajo mis ojos
como la espalda del río a la luz del incendio.

Aguas dormidas golpean día y noche tu cintura de arcilla
y en tus costas, inmensas como los arenales de la luna,
el ciento sopla por mi boca y su largo quejido cubre con sus dos alas grises
la noche de los cuerpos,
como la sombra del águila la soledad del páramo.

Las uñas de los dedos de tus pies están hechas del cristal del verano.

Entre tus piernas hay un pozo de agua dormida,
bahía donde el mar de noche se aquieta, negro caballo de espuma,
cueva al pie de la montaña que esconde un tesoro,
boca del horno donde se hacen las hostias,
sonrientes labios entreabiertos y atroces,
nupcias de la luz y la sombra, de lo visible y lo invisible
(allí espera la carne su resurrección y el día de la vida perdurable).

Patria de sangre,
única tierra que conozco y me conoce,
única patria en la que creo,
única puerta al infinito.

Octavio Paz, Libertad bajo palabra, 2005, Madrid, Cátedra, p. 186 - 187